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Gina Romero, internacionalista colombiana: "En estas elecciones han pasado muchas cosas positivas"


¿Necesitas un refresh? Gustavo Petro: la izquierda colombiana largamente postergada. El outsider Rodolfo Hernández ha despertado comparaciones con Donald Trump (en versión mal hablada)


¿Gustavo Petro o Rodolfo Hernández? Las más recientes encuestas vaticinan un domingo de infarto en Colombia, que tendrá consecuencias para Venezuela y los venezolanos. Buscamos una visión distinta. Gina Romero es colombiana, internacionalista y confundadora de la ONG Redlad. De entrada advierte que tiene su corazoncito ante la segunda vuelta: trabajó en la administración de Petro cuando fue alcalde de Bogotá.


—Desde afuera percibimos que esta segunda vuelta es una especie de "escoger de dos males, el menor". ¿Cómo lo ves tú? ¿Destacas algo positivo en este proceso electoral?


—Yo no creo que estemos entre dos males, esa es una narrativa que nos han querido vender quienes han montado esta contienda sobre la estrategia de prender el miedo sobre el electorado. Esa idea de estar entre la espada y la pared la mueven quienes creen que lo único ‘bueno’ es lo que ya hemos conocido, el status quo, el mantener a la élite política que lleva en el poder décadas.



Gina Romero, internacionalista


En efecto hay una crisis profunda de liderazgo político, centrada en los partidos tradicionales, en el ‘uribismo’ como afiliación política caudillista y populista, y, sobre todo, un cansancio ciudadano muy fuerte. Ese cansancio es el que explica que los dos candidatos que parecen menos alineados con la política tradicional —uno por ser político de izquierda en un país que nunca en su historia ha tenido un gobierno de izquierda, y otro que no sigue las estrategias e imágenes políticas tradicionales— son quienes pasaron a segunda vuelta.


Han pasado muchísimas cosas positivas. Primero, tuvimos una consulta partidaria y una primera vuelta con varios candidatos de calidad. Segundo, hemos tenido un fenómeno grandioso como el de Francia Márquez, una mujer negra que en las consultas previas a la primera vuelta sacó la tercera votación más alta del país. Una mujer víctima del conflicto, una activista cívica, una política desde la base; no habíamos tenido algo así nunca. Tercero, se demostró que quien elige no son las redes sociales (que le daban muchos más votos a los candidatos de ‘centro’ y aseguraban una segunda vuelta de Federico Gutiérrez). Cuarto, se redujo el abstencionismo a cifras no vistas hace muchas elecciones. Quinto, por primera vez vamos a tener a una mujer afro en la vicepresidencia (Francia Márquez o Marelen Castillo).


Sin duda la polarización es muy alta... Las noticias falsas, las visiones apocalípticas (como que nos vamos a volver como Venezuela, sin que mucha gente logre explicar muy bien qué significa eso) y la apelación al miedo y a la rabia no nos la han dejado fácil. Pero Colombia vive una fiesta democrática, centrada en la capacidad de elegir, de movilizar en torno a un proceso electoral difícil, y a la regla máxima de las elecciones: ‘reglas claras, resultados inciertos’. El que el resultado de la primera vuelta fuera tan sorpresivo habla muy bien de nuestro proceso democrático. Qquizás no tanto de nuestra cultura política, pero esa es otra historia.


—Para nuestra sorpresa, en la campaña hemos visto a un Petro moderado y con tono de estadista. Aquí en Venezuela tenemos la mala experiencia del candidato de izquierda que llega al poder con un discurso moderado y amplio y luego se radicaliza y gobierna solo para una parte. ¿Qué garantiza que esto no ocurra con Petro?


—Cualquier candidato que llegue al poder tiene el riesgo de radicalizarse y gobernar para una sola parte, eso no es un tema de izquierdas o derechas. No estamos en un mundo bipolar, múltiples realidades conviven al tiempo y es necesario que tengamos siempre eso en mente. Uribe no era un candidato de izquierda y miren lo que hizo, Bukele no era un candidato de izquierda, y ahí lo tienen. Hay que dejar de pensar en la dicotomía izquierda-derecha que ya no lee las realidades políticas.


Por otro lado, claro que Petro es un estadista. Tiene la capacidad de ver la realidad en su complejidad, le cabe el país en la cabeza, tiene experiencia de gobierno y tiene mística del servicio público —no, esto no es publicidad política pagada, de verdad lo considero así—.

Para quienes no lo tienen tan claro, gobernar Bogotá es como gobernar una Colombia en pequeño. Por ejemplo, Bogotá maneja uno de los presupuestos más altos del país y esa experiencia no debe ser despreciada; como referencia, el presupuesto de la Alcaldía de Bucaramanga (que es la experiencia del candidato Hernández) es igual al presupuesto que manejó tan solo una de las oficinas de la Alcaldía de Bogotá durante el gobierno Petro, la Secretaría de Educación. Pero, además, Bogotá tiene una altísima complejidad política, tiene todos los estratos sociales, tiene zonas rurales y urbanas, tiene desarrollo económico e industrial, etc.


Por otro lado, es muy importante entender que si en Colombia no se hubiera gobernado en el pasado para un solo sector, la gente no estaría cansada y tendríamos sin duda un panorama muy diferente al que tenemos en esta segunda vuelta. Muchos presidentes en Colombia han gobernado ‘solo para una parte’, el problema es que como ahora esa parte podría no ser la de siempre, se quiere frenar. Como ahora esa parte podría incluir a personas como Francia, todo el clasismo, racismo y machismo colombiano florece. Así es nuestra sociedad. En eso, la verdad es que nos vendría bien parecernos más a Venezuela.


—A día de hoy, ¿qué presientes que puede pasar el domingo? ¿Qué quiere el elector colombiano promedio, si tal elector existe?


—Yo creo que al colombiano promedio le interesa tener condiciones dignas de vida, y desafortunadamente esa no es la realidad para la mayoría de la población. Yo creo que la ciudadanía se siente burlada por los poderes tradicionales, y ante una pésima labor del presidente Duque, ha mirado a ‘los candidatos diferentes’. Inquietudes hay muchas, hay miedos fundados e infundados sobre ambos candidatos, sus duplas, sus propuestas. Lo cual en realidad me parece normal en un proceso de polarización y noticias falsas tan fuerte que hemos tenido.


Es muy difícil saber qué puede pasar. Ha habido campaña de desprestigio muy fuerte para ambos lados, más toda la información real sobre Hernández que ha salido a la luz y mucha gente no conocía antes de votar por él en la primera vuelta. En esta segunda vuelta puede que muchos de los votos para Hernández sean votos en contra, para que no llegue Petro, sin conocer siquiera nada de sus propuestas o de su historia política y personal.


Yo espero que gane Petro y que lo haga con alguna holgura.


—¿Crees que acudimos al entierro de la clase politica tradicional colombiana, que parecía una de las más estables y arraigadas del continente?


—Dudo que sea el entierro de la clase política tradicional porque ahí están sus representantes tanto en el Congreso como en los gobiernos territoriales. Colombia es un país de regiones. Por supuesto la elección más importante de cualquier régimen presidencial como el nuestro es la del Presidente de la República, pero hay mucho peso en las alcaldías y consejos municipales, gobernaciones y asambleas departamentales. Yo la verdad no creo que sea positivo que haya una clase política tradicional arraigada, me parece que eso limita la aparición de nuevas fuerzas; pero desafortunadamente en Colombia los nuevos movimientos y partidos tienen muchos obstáculos para llegar al poder, como ha ocurrido en las pasadas elecciones de Congreso con el partido Estamos Listas. Una de las apuestas políticas más novedosas que he conocido en mucho tiempo.


El cansancio que se ve en estas elecciones presidenciales me parece que está en el rechazo a los partidos y los candidatos clásicos, y el peso de las regiones en esto es vital; no en vano Antioquia es el único departamento en el que en primera vuelta ganó Federico Gutiérrez. Pero falta mucho tiempo y voluntad popular para enterrar la política tradicional y generar nuevos procesos, pactos, líderes políticos.


—¿Hay probabilidades reales de fraude? ¿O de un resultado ajustado que deje dudas sobre la transparencia del proceso?


—La Registraduría ha hecho un pésimo papel y ha obviado decisiones que se debieron haber tomado como la del software de transmisión de datos sobre las elecciones. Hubo mucha duda sobre el proceso de la elección de Congreso, pero al final no se comprobó un fraude como tal. Aún nos queda la duda de si los errores de la Registraduría fueron ‘de buena fe’, pero dudo que se constituya un gran fraude que pueda alterar los resultados de las elecciones. El problema podría darse si la diferencia de votos entre ambos candidatos es muy apretada, porque ahí cualquier voto en disputa puede crear un problema mayor.


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