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“El humor es la admisión de una verdad inocultable"

Updated: May 2

Por Crysly Egaña

Quizás es como el periodismo, pero con una vuelta. La denuncia y la crítica son validadas con risas. “Los problemas los tratamos para tratar de arreglarlos”, dice Ricardo Del Bufalo, que en el tema de la comedia no es un recién llegado. Se fue de Barquisimeto a Caracas a sus 21 años, porque sabía que, para poder hacer humor, se tenía que foguear en los bares de la capital; en ese entonces, los circuitos de comedia regionales eran pocos.


Su primera vez fue en Teatro Bar en 2010: “Tenía un pavor de que se me fuese a olvidar la rutina. Me monté e hice mis 12 minutos de rutina y bajé contento: ‘No se me olvidó nada, pude decirlo todo’. Después vi el video y me dije: ‘Pero esto es horrible, nadie se rio”. Saqué como una o dos risas, pero me encantó y desde entonces no me he bajado”.


En la tarima no solo narra, sino que también canta. Alimenta una pequeña pasión que tuvo de joven y le da el empaque para hablar de la falta de acuerdos entre políticos, de una economía en declive, de la falta de servicios públicos, de derechos humanos. En concreto, de narrar país. El programa radial Calma Pueblosacado del aire por Conatel— fue uno de esos primeros lugares donde pudo explorar la comedia musical. Era guionista y cada 15 días sacaban una nueva canción.



Un año después, en 2018, una recopilación de las canciones para la radio, más una adicional, le dio forma al EP Por eso estamos como estamos. Pero allí quedó algo, un deseo de continuar, de sacar algo más largo. Y en esto estuvo en los últimos tres años, hasta octubre pasado, cuando lanzó Venecadencia, con una exploración musical más compleja: ya no es solo la guitarra acústica, sino que hay una producción detrás llevada por Alejandro Díaz. También recupera canciones previas como “Testaferro de tu amor” y “Antes del abismo”, ambas de la época de Calma Pueblo.


“Fue un registro de estos años en Venezuela (para) que, cuando escuchemos el disco en 5 o 10 años, o en democracia, digamos: ‘¡Berro, vivimos todo eso!’. Porque muchas de esas cosas se nos olvidan por el propio mecanismo de defensa del cerebro de no deprimirse, pero es importante guardar registro de lo que ha pasado. Esa fue la intención de hacer Venecadencia”, explica sobre el disco que, además, hace guiño en el subtítulo a las Memorias de un venezolano de la decadencia (1927) de José Rafael Pocaterra, un libro que relata las atrocidades de las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez.



Un país donde todo es, pero no es / Guaidó es, pero no es presidente / El bolívar es, pero no es la moneda corriente, inicia el quinto track del disco. En el séptimo, acompañado de Ale Otero y David Comedia, dice: Mientras ustedes pelean / solo hacen que la gente crea / en Los Marines / y va a salir otro caudillo y todo se va a ir a la mierda. En la última canción cierra con un dilema en “Sentimiento nacional”: Y ahora qué hago yo con estas ganas de irme pal coño.


Quizás es como el periodismo, pero con una vuelta.


—¿Qué vino primero en tu vida, la música o la comedia?

—La música. Mi mamá tocaba guitarra cuando era joven. Un día descubrió que su guitarra estaba por ahí guardada, la mandamos a arreglar y me la dio. Comencé a ver clases y me encantó. Yo quería ser músico, pero después me di cuenta de que ser músico es un trabajo en el que hay que dedicarle demasiadas horas al instrumento y yo de verdad no tenía tanta pasión por la música.


—¿Qué te impulsó a hablar de política como comediante? ¿Era un tema que querías desarrollar profesionalmente o la situación del país te empujó?

—Fueron las dos. Yo tenía 8 años cuando Chávez llegó al poder. Toda mi vida ha estado marcada por el chavismo. Evidentemente eso marcó mi manera de ver el mundo. Yo entendí que la política era parte de mi vida privada, porque se metió en nuestra vida privada, porque tumbaron la puerta con una tanqueta. La política entró a la casa, aunque uno no quisiera que entrara.


Y sí, en mi casa éramos una familia muy opositora, muy informada. Siempre estaba la televisión encendida con las noticias; me despertaban las arrecheras de mi papá. Recuerdo que mi Nonna, cuando la visitaba, siempre tenía Globovisión prendido; eso era su droga. Yo crecí en un ambiente opositor, pero consciente del entorno, consciente de que las cosas que decía el presidente nos afectan en nuestra vida personal.


Empezando mi adolescencia, a mis tíos y a mi papá les gustaba ver Les Luthiers, unos humoristas argentinos que hacen humor con música y con política. Muchos de mis tíos son intelectuales, tengo uno que es filósofo, otro economista… Se solía hablar de política, se solía hablar de estas cosas y crecí en este ambiente donde estas ideas estaban en el aire. Crecí con un interés por eso y descubrí a Laureano [Márquez] y digo: “coye, esto es genial”, porque está analizando a nuestra sociedad, nuestro absurdo, con humor. Entonces decidí que quería hacer algo así. Quiero poder hablar del entorno, de la política, de cómo nos afecta, pero siempre desde el humor, que la gente se pueda reír para entender qué pasa.



—¿En algún momento te sentiste abrumado componiendo Venecadencia?

—Sí. Llegó un momento en el que yo estaba como: “Quiero sacar este disco y no escucharlo más”. Era como escuchar una y otra vez los peos. Siempre la idea era tratar de meterle suficiente humor para que, aunque estés escuchando tus problemas, al menos te rías. Hacerlos un poco más llevaderos. Para mí, lo importante del humor es que nos ayuda a no decaer en el desánimo. Lo bueno es cuando lo toco en vivo y la gente se ríe… Ya las canciones a pesar de que hablan de un tema muy duro, adquieren otro ánimo. La risa le da otro matiz a eso que hemos vivido, sufrido.


—¿Te tomarías la música más en serio?

—Yo también me lo he preguntado. No lo descarto, pero ahorita no lo veo. El centro ahorita de mi música es la comedia. Desde Calma Pueblo fui encontrando que la protesta también era parte de mi tono, de hacer música con protesta, pero quizás eventualmente haga un disco de comedia musical que no tenga nada que ver con el país.


—¿Qué crees que tienen el stand up y la música que consideras que son efectivos para dar mensajes de concientización y movilización?

—El stand up convoca mucho. A la gente le gusta reírse, ir a los shows. La gente se divierte; no sienten que es alguien solo hablando de DDHH. Es como un acto de denuncia sin ser una denuncia como hacen los políticos: “Yo denuncio que este…”. La música tiene el poder de que las melodías se quedan sembradas en la gente. La gente puede que no recuerde un mensaje, pero recuerda la melodía, y con la melodía recuerda el mensaje. Quizás no recuerdas Qué duro es el amor en comunismo / Qué duro es el amor en dictadura, pero recuerdas la melodía.



—Hay casos de humor en Venezuela que han tenido repercusiones legales. Por ejemplo, el caso de los bomberos y el burro en Mérida en 2018 y recientemente el de la adulta mayor Olga Mata, detenida porque hizo un video en TikTok con la arepa viuda de Cilia. Como comediante, ¿por qué crees que esto le afecta tanto al gobierno?

—Porque es muy efectivo. El humor busca la risa, pero la risa siempre es una expresión de la verdad, es la admisión de una verdad inocultable. Entonces el relleno de la arepa es inocultable que se relacione con ciertos personajes porque engloba una verdad. Lo dice de una forma efectiva, porque revela una verdad encubierta hasta que ella te la muestra. El cerebro reacciona con la risa. Al ser una expresión libre, una forma de ejercer tu libertad de expresión, es peligrosa para los regímenes autoritarios, dictatoriales, que no lo permiten. La libertad de expresión implica libertad de ideas.


Un régimen como este quiere mantener a la gente aterrorizada, pero la gente cuando ríe no puede estar aterrorizada. La gente cuando ríe pierde su miedo. Si perdemos el miedo, las dictaduras no tienen con que intimidarnos, amenazarnos, por eso (la risa) es tan perseguida.


—Mencionas abiertamente que te has autocensurado. ¿Cómo te sientes al respecto?

—Es complicado porque siento que lo estoy haciendo por mi propio bien. Estoy tratando de no autocensurarme, sino de decir lo que no puedo decir de una manera sutil. Termino diciéndolo de una forma que no me genere problemas. Digamos que es prudencia. Pero es complicado. Cuando veo comedia donde nombran a personas de la política en otros países y los insultan, yo siento miedo por ellos.


Imagínate como está de impregnado el miedo de no poder nombrar a nadie porque pasan las cosas que le pasaron a Olga. Entonces yo lo hago ahorita para mantenerme creando, sano mentalmente, de que no me descubra el chavismo, de que no me hostiguen y, aún así, mantenerme crítico. Tener ese balance. En eso me ayuda mi novia, porque ella es cagada. Entonces yo le digo que hay cosas que sí tengo que decir, que sí tengo que hacer y ahí vamos.


—¿Cómo es tu barómetro interno al momento de crear?

—No mencionar nombres para nada. Menciono lo que pasa, pero evito los nombres. El chiste trato de hacerlo sobre el hecho, sobre la situación, pero no sobre nadie en específico. Cuando ellos sienten los ataques personalizados, la censura es más fuerte.


—¿Eres optimista con el país?

—Sí. Si no, me esforzaría tanto en hacer lo que hago. Básicamente yo dedico mucho de mi trabajo a hablar de los problemas de nuestro país, a tratar de generar conciencia sobre los derechos humanos, sobre los valores democráticos, a tratar de enseñarles a generaciones más jóvenes que crecieron en dictadura y que no conocen la democracia, que entiendan que existe la democracia, que hay países donde se respeta el Estado de derecho, donde la gente gana salarios con los que puedes comprar lo necesario y vivir sin problemas, que hay una vida mejor y gran parte de mi trabajo va por allí y tengo optimismo de que podemos vivir en un país más democrático y libre.


Me esfuerzo en criticar no solo al Gobierno sino también a los opositores. Si ellos buscan el poder, tienen que representar esos valores que ellos dicen representar: la democracia, la representatividad, que hagan elecciones en sus partidos. Es importante decirlas, es importante reportarlas. Es como el trabajo del periodista, pero yo lo hago desde la comedia, desde el humor. Sí, soy optimista.


—Una escritora venezolana dijo en una entrevista para una edición de este newsletter sobre distopías: “Los escritores escuchamos crecer la hierba”. ¿Consideras que los comediantes también lo hacen?

—Sí. Los comediantes observan lo que nadie más observa. Observan lo humano en todas sus facetas: desde el lenguaje que usamos hasta las reacciones sociales, los comportamientos en distintas situaciones comunes o absurdas. Los comediantes logramos observar crecer las uñas, digámoslo así.

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